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Cuando no te conformas con lo que tienes

Posts Tagged ‘Reyes Magos’

Las abarcas desiertas

Posted by sinsangre en 6 enero, 2008

Es día de reyes, de gastos y de abusos innecesarios. Ya es tarde para eso. Pasaremos un mesesito de enero apurados en lo económico después de haber comprado objetos innecesarios, en algunos casos por compromiso, y nos daremos un besito de despedida con la idea de preparar con esmero las compras inconscientes en las próximas rebajas. Yo también caeré, no soy ingénuo, y cuando cierre éste artículo ya empezaré a ojear aquellas cositas que pensé recibir y que no asomaron bajo las hojas de papel de regalo.

Pero leyendo Papel en blanco, me encuentro un precioso poema de Miguel Hernández, de infancia y vida humilde donde las haya, en la que plasma, con su belleza habitual, su frustado sentimiento en los días que ya terminamos. Para finalizar las fiestas, Las Albarcas desiertas de Miguel Hernández:

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría

Y encontraba los días
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel

Por el cinco de enero
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

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Mañana festiva

Posted by sinsangre en 6 enero, 2008

Escribo estas líneas bajo el efecto de la dictadura de la soledad. Nunca quise llegar a éste punto en el que me encuentro, encerrado en el cuarto y con una sensación asfixiante de tristeza acumulada. Hay miles de maneras originales de festejar un día como el de hoy. Pasear con los patines que con tanta ilusión ha recibido tu hija, darle de comer la compota al pequeño en un parque mientras compruebas lo bien que le queda el pelele nuevo o ir en masa a la sala de cine más alejada para ver alguna película sobre ardillas o abejas aventureras. Miles de alternativas, a cada cual más amigable y adecuada a la festividad que celebramos hoy. No contaba yo con pasarla a éstas horas sentado frente a la pantalla del ordenador, con la única compañía de una fría lata de refresco (no me atreví a arriesgar con algo más fuerte), y la suave melodía del In Raimbows de Radiohead compartiendo estos duros momentos conmigo.

Y no es que no lo esperara. Estaba convencido de que el curso de los acontecimientos desembocaría en este instante. Puedo afirmar, incluso, que soy afortunado por poder despertar junto a la pequeña y colocar, uno por uno, los paquetes de colores junto a su cama. Llenar la cuna de Alejandro con bultos enormes que no conocía y ver la alucinante sonrisa con la que se levantó Patricia al comprobar que todo lo que había soñado la noche anterior se había cumplido a las pocas horas. Abrir de manera desesperada los paquetes para apenas ojearlos, antes de continuar con las sorpresas, se convirtió en un momento maravilloso y mágico como viene siendo habitual. Al fin y al cabo son niños, inocentes de lo que sucede a su alrededor, y tienen la fortuna de vivir éste día con el polvo de estrellas con que se inunda cada una de las horas que lo acompañan.

Yo, seguiré escribiendo un poquito más. Leeré algún correo, navegaré entre mis suscripciones y escucharé algo de música. Se acabaron ya todas estas fiestas. Mañana comenzará un nuevo y maravilloso día. La dura zancadilla con la que me he tropezado en estas fiestas, ya ha sido sorteada.

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Reyes y educación

Posted by sinsangre en 5 enero, 2008

Noche de Reyes. Noche de ilusiones. Aquella en la que uno espera extasiado el momento en que descubramos tras el papel de color aquel artilugio que tanto hemos deseado. Ese libro envuelto, ese jersey que vimos en el escaparate y ese estupendo reproductor táctil, impensable años atrás. Las sensaciones se mantienen, a la vez que se anexan nuevas y más placenteras emociones al descubrir una nueva forma de hacer inolvidables estas fechas.

Los hijos consiguen que vuelvas a retomar la ilusión por estas fechas. La ansiedad que produce el saber que ésta noche van a ver a esos tres viejecitos recorriendo las calles de todos nuestros pueblos mientras saludan y tiran caramelos a los enanos, se me antoja idílica en los tiempos que corren. Una excusa ideal para apartar de la cabeza los problemas que me han estado atormentando últimamente. Me imagino verles las caras esta durante esta velada. Y descubrir, a primera hora de la mañana, con los ojos empapados en legañas y ese sueño llevadero que te facilita la tarea de levantarte a pesar del cansancio, que todos aquellos paquetes que aparecen de la nada, han sido legados por sus ilusionantes majestades de oriente. Que por una vez al año, parece que no es tan mala la idea de ser republicano.

Ya queda menos para el momento.

Mientras tanto, aparece entre mis manos un estupendo enlace, vía webmaniacos, que recomiendo visionar, aunque sean casi veinte minutos de vídeo. Es muy sencillo. Una simple mesa redonda sobre educación en la que se centra la mirada en la particular visión de la sociedad, infantil y de juventud, que tiene el juez de instrucción de menores Emilio Calatayud y con el que no puedo estar más de acuerdo, aunque no sea del todo políticamente correcto. Claro está que la bitácora es mía (o de wordpress) y en ella se vierten mis ideas y opiniones para que algunos las compartan a través de los comentarios (o me pongan a parir por ellas).

Son dos videos de unos diez minutos cada uno. Muy amenos ambos, ya que la retórica del juez es amena y, en ocasiones divertida:

La continuación al mismo:

Me descubro a mi mismo siguiendo las sensatas instrucciones que indica el Sr. Calatayud. En muchas ocasiones me planteo si soy o no demasiado duro con mis hijos, en especial con la mayor, a la que reprendo con relativa frecuencia con la idea de que alguno de los miembros de su entorno tiene que encargarse de la parte fea de la educación. Éste papel no es nada agradable, sobre todo cuando no sientes lo que dices y te encanta ver a tus enanos portárse como tales, pero creo que no podemos consentirles todo y hay que tratar de enseñarles a desenvolverse en ésta vida, a afrontar las dificultades que se les pueden presentar con inteligencia y a aceptar las responsabilidades de los actos que cometen, aunque sean inconscientes de sus comportamientos en esos momentos.

Espero que dentro de unos añitos, cuando tengan una cierta capacidad crítica y madurez como para afrontar la vida con dignidad y orgullo, puedan reconocer el esfuerzo que cuesta el no caer en la trampa de los abrazos y besos de compasión con los que te camelan para que seas más benévolo con sus travesuras.

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