Busquemos otra cosa

Cuando no te conformas con lo que tienes

Para pensar durante las uvas

Posted by sinsangre en 31 diciembre, 2007

Como todo buen redactor de bitácora que se precie, tengo una especie de ansiedad descontrolada cuando quieres escribir algo y no puedes. Tanto por ausencia de ideas como por falta de tiempo o medios necesarios para sentarse ante el teclado a divagar. Al sujeto le avasalla un incordiante pensamiento que se repite una y otra vez hasta que no cese en su empeño de mostrarse a la luz en forma de palabras y no deja de ser incómodo cuando las circunstancias no son propicias como para llevar a cabo su desahogo literario.

Ayer trabajé todo el día. Mi trabajo tiene un extraño horario en el que una de las jornada consta de catorce horas diurnas de manera consecutivas mientras que, al día siguiente, terminas el resto de las veinticuatro durante el periodo nocturno. Si, teniendo en cuenta que ayer trabajé todo el día, ésto desemboca inevitablemente en partir este año que empieza acompañado de otro tipo de campanadas, pero me conformo con lo que me ha tocado y con la posibilidad de disfrutar del día de reyes acompañado por los enanos.

El caso es que el día fue laborioso y me fue imposible sentarme frente al ordenador. Eso no ha sonado muy profesional, aunque si es cierto que hay momentos para el ocio cuando la rutina se ha ido solventando durante la mañana. Así que esa idílica pasión de actualizar de manera regular este lugar de encuentro se me fue al traste y no me queda mayor remedio que inventarme toda esta introducción para hacer una última reflexión en este 2007.

Verán, todo se inicia con el monólogo (sic) con el que una nueva enfermera que se ha incorporado a la unidad a sustituir a los compañeros nos obsequió durante la mañana. En él se “vanagloriaba” del mal año que había pasado, en las terribles penurias y martirios que le había tocado vivir y en la necesidad imperiosa de finiquitar el año para hacer borrón y cuenta nueva. Nos contaba, sin venir mucho al caso a decir verdad, el cómo se había enfadado con su novio, en su necesidad de compromiso y en la inmadurez de su pareja y otras cosas que amenizaron el desayuno. Uno miraba a uno y otro lado de la unidad en la búsqueda de alguna cámara oculta en la que me confirmaran que estaba en un programa de esos en los que uno pone cara de ingenuo. afortunadamente encontré algo más bonito que unas cámaras cerca de mi compartiendo esas revelaciones, pero eso no viene al caso.

Terminado ese momento, empiezo a divagar menospreciando los sentimientos de esa chica que, seguro, había padecido un año horrible. Era como si, después de mis doce meses estrepitosos, me estuviera chuleando y demostrándome que todo lo que me sucediera era una mera trivialidad al lado de su abandono sentimental. Y yo me autoflagelaba diciéndome: “Hay que ver, vas a comparar tus nimiedades con los auténticos problemas que estoy pasando yo. Deja que crezcas y sabrás lo que es la vida”. Y me quedaba extrañamente satisfecho.

Ese fue el pensamiento. Y, como si de un azucarillo se tratara, la reflexión idiota y egocéntrica de mi cabeza se diluyó por completo al ver a una madre sentada abrazando la mano de su hija mientras por sus ojos brotaban una y otra lágrima continua, a la par que de sus labios emergían unas palabras que no quise, ni me atreví a llegar a entender.

No somos capaces de apreciar la suerte que tenemos.

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