Busquemos otra cosa

Cuando no te conformas con lo que tienes

Archivo de Diciembre 2007

La costa brava – Hospital

Publicado por sinsangre en 31 Diciembre, 2007

En relación al articulo anterior, quiero despedir el año a nivel musical con una preciosa canción de La Costa Brava llamada “El hospital” en el que se incide en una idea recurrente en mi cabeza que es la de aprovechar el momento y mostrar el cariño que tengas a las personas que quieras, no vaya a ser que no tengas otra oportunidad posterior. La Costa Brava es una estupenda banda española en la que se une el talento de dos prolíficos autores Fran Fernandez (Australian Blonde) y Sergio Algora (El niño gusano). Cada cierto tiempo se fusionan para crear trabajos intimistas y preciosos, en el que el pop sesentero, fresco y vitalista es repartido entre las voces de los dos lideres de las estupendas bandas. Desde su último trabajo, “Velocidad de Crucero” esta interesante “Hospital”

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Para pensar durante las uvas

Publicado por sinsangre en 31 Diciembre, 2007

Como todo buen redactor de bitácora que se precie, tengo una especie de ansiedad descontrolada cuando quieres escribir algo y no puedes. Tanto por ausencia de ideas como por falta de tiempo o medios necesarios para sentarse ante el teclado a divagar. Al sujeto le avasalla un incordiante pensamiento que se repite una y otra vez hasta que no cese en su empeño de mostrarse a la luz en forma de palabras y no deja de ser incómodo cuando las circunstancias no son propicias como para llevar a cabo su desahogo literario.

Ayer trabajé todo el día. Mi trabajo tiene un extraño horario en el que una de las jornada consta de catorce horas diurnas de manera consecutivas mientras que, al día siguiente, terminas el resto de las veinticuatro durante el periodo nocturno. Si, teniendo en cuenta que ayer trabajé todo el día, ésto desemboca inevitablemente en partir este año que empieza acompañado de otro tipo de campanadas, pero me conformo con lo que me ha tocado y con la posibilidad de disfrutar del día de reyes acompañado por los enanos.

El caso es que el día fue laborioso y me fue imposible sentarme frente al ordenador. Eso no ha sonado muy profesional, aunque si es cierto que hay momentos para el ocio cuando la rutina se ha ido solventando durante la mañana. Así que esa idílica pasión de actualizar de manera regular este lugar de encuentro se me fue al traste y no me queda mayor remedio que inventarme toda esta introducción para hacer una última reflexión en este 2007.

Verán, todo se inicia con el monólogo (sic) con el que una nueva enfermera que se ha incorporado a la unidad a sustituir a los compañeros nos obsequió durante la mañana. En él se “vanagloriaba” del mal año que había pasado, en las terribles penurias y martirios que le había tocado vivir y en la necesidad imperiosa de finiquitar el año para hacer borrón y cuenta nueva. Nos contaba, sin venir mucho al caso a decir verdad, el cómo se había enfadado con su novio, en su necesidad de compromiso y en la inmadurez de su pareja y otras cosas que amenizaron el desayuno. Uno miraba a uno y otro lado de la unidad en la búsqueda de alguna cámara oculta en la que me confirmaran que estaba en un programa de esos en los que uno pone cara de ingenuo. afortunadamente encontré algo más bonito que unas cámaras cerca de mi compartiendo esas revelaciones, pero eso no viene al caso.

Terminado ese momento, empiezo a divagar menospreciando los sentimientos de esa chica que, seguro, había padecido un año horrible. Era como si, después de mis doce meses estrepitosos, me estuviera chuleando y demostrándome que todo lo que me sucediera era una mera trivialidad al lado de su abandono sentimental. Y yo me autoflagelaba diciéndome: “Hay que ver, vas a comparar tus nimiedades con los auténticos problemas que estoy pasando yo. Deja que crezcas y sabrás lo que es la vida”. Y me quedaba extrañamente satisfecho.

Ese fue el pensamiento. Y, como si de un azucarillo se tratara, la reflexión idiota y egocéntrica de mi cabeza se diluyó por completo al ver a una madre sentada abrazando la mano de su hija mientras por sus ojos brotaban una y otra lágrima continua, a la par que de sus labios emergían unas palabras que no quise, ni me atreví a llegar a entender.

No somos capaces de apreciar la suerte que tenemos.

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Prefiero no olvidar

Publicado por sinsangre en 29 Diciembre, 2007

El doctor Drauzio Varella es, según veo por ahí, una eminencia en medicina especializado en tratar, sobre todo, a pacientes con cancer o Sida. Parece que alcanzó cierto reconocimiento social gracias a su participación en un programa de televisión de gran audiencia y a la escritura de numerosos libros de autoayuda (o eso parecen). El caso es que vía menéame encontré en el blog look closer una curiosa afirmación que me hizo relativa gracia, aunque no la tiene cuando se reflexiona sobre ello:

En el mundo actual se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para mujeres que en la cura del Alzheimer. De aquí en algunos años tendremos viejas de tetas grandes y viejos con el pene duro, pero ninguno de ellos se acordará para qué sirven.

No deja de tener razón en sus afirmaciones y a uno se le queda una cara de estúpido, si no la tenía ya, al comprobar hacia donde nos dirigimos en esta sociedad tan aparentemente perfecta. Por suerte, esos pensamientos se esfumaran en breves minutos cuando encienda el televisor. También reflexionan sobre lo mismo en yokolandia

Por si a alguien le interesa las reflexiones de este doctor, en Azucar y Sal hay unas siete directrices para mantener una vida sana. A lo mejor debiera aplicarme el cuento.

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Aroah – En los días cuerdos

Publicado por sinsangre en 29 Diciembre, 2007

Tras la calmada y sensual voz de Aroah se esconde Irene Tremblay, una hormiguita que ha ido reuniendo, a lo largo de su carrera, las tablas necesarias para conformar un universo particular e intimista, con pinceladas de Cat Power o Hope Sandoval, y que la sitúan en la élite del submundo tras las grandes discográficas. Tras compartir escenario con los más deseados de la escena independiente española, nos regala este año una preciosista obra, cantada en castellano, titulada “El día después“, con momentos maravillosos como “En los días cuerdos“:

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La cena de los idiotas

Publicado por sinsangre en 29 Diciembre, 2007

Anoche se celebró una fiesta de Navidad entre los compañeros de trabajo. Comida conjunta, risas, fiestas, anécdotas anuales que sólo entienden los partícipes de la situación, compadreo y buenas intenciones. Comidas frugales con los defectos típicos de las comidas masivas, vinos por descubrir y diversión garantizada en la pista de baile posterior. Siempre han sido una auténtica bacanal, restando el contenido implícito de la palabra. Cuando uno se encuentra rodeado de gente que te aprecia y a la que tu aprecias la velada suele funcionar sin ningún tipo de desagradable incidente. Lo curioso del caso, es que éste año yo no estaba invitado.

¡Que injusto soy, no estaba invitado! Eso supone echar las culpas de la situación a los demás, cuando está claro que el que no quería ir a la fiesta era yo. El comentario de que si yo aparecía por el lugar alguno de ellos se levantaban y se iban no tiene nada que ver. Vamos, es que me he vuelto un acosador, un paranoico o algo por el estilo.

Voy a dar por cierta una premisa. Mi grado de estoicismo no da para tanto. Soy capaz de entrar en las fauces del lobo cuando la situación lo requiere, pero de ahí a prestarme voluntario ante un linchamiento social va un abismo. Si no soy bien recibido, no seré yo el que pelee por ello. Creo que tengo asuntos más importantes que tratar que el menear la cabeza y sonreír ante temas espinosos que sé que no son ciertos pero que, por pura cabezonería o estupidez, no voy a desmentir públicamente. Son ya muchos años de convivencia laboral y todos nos conocemos. Sabemos cómo actuamos en cada situación, lo que nos afecta o lo que nos cabrea. Si a estas alturas ni siquiera dan el mínimo beneficio de la duda a aquel que siempre había sido considerado un ejemplo de corrección y saber estar, pues sólo me hace entender que el equivocado era yo y no supe mesurar a aquellos por los que me jugaba el cuello por su altruismo y empatía.

También es curioso el sorprenderse con las reacciones benévolas de quien menos te esperabas. Aquellos que sabías de antemano que eran perros de presa pero que, a la hora de la verdad, son auténticos lazarillos que velan por la justicia y la serenidad. No se cómo podré agradecer esas muestras de amabilidad y compañerismo con la que me han obsequiado cuando más hundido me encontraba, sin que ello suponga haber tomado partido ni entrar en una guerra de bandos como los otros quieren ver. En fin, yo no inicié esta guerra ni seré el que la termine. Ya se cansarán cuando les apetezca y puede que algunos reconozcan su error y a otros se les caiga la cara de vergüenza. o no. Mientras eso pase, que para ser sincero no creo que ocurra nunca ya que el reconocimiento de las equivocaciones por parte de las personas no es una virtud que abunde hoy en día en esta sociedad, yo seguiré caminando con la cabeza bien alta (hacia un lado quizás) y consciente de que las explicaciones fueron dadas a las personas que quiero y quise y a aquellas que merecen ese gesto de valentía por mi parte. Ellos lo entendieron. No me dieron una palmadita en el hombro, pero saben lo que pasó en su momento. Eso me permite cerrar los ojos con serenidad.

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Love of Lesbian – Universos infinitos

Publicado por sinsangre en 28 Diciembre, 2007

Terminado el año, se suceden los programas resúmenes sobre lo mejor del año en tal y cual categoría. Del mismo modo, se entregan los premios que destacan lo más relevante en determinados gremios y las autofelaciones se multiplican mientras, con un aire de dudosa ética, aprovechan la situación para pescar en río revuelto y acusarnos a todos de ladrones. Es algo así de simple como hacernos pagar unos trescientos euros de más al comprar un automóvil sólo por si podamos infringir alguna ley de tráfico. Desconcertante.

Pues en todas esas listas “olvidaron” a un grupo ya veterano que sigue siendo un gran desconocido, por suerte cada vez menos. Universos infinitos abre el último trabajo (el quinto ya) de estos catalanes de una forma magistral, transmitiendo emoción en cada lamento desgarrador que sale del alma de Santi Balmes. A disfrutar de ello:

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El miedo a la ilusión

Publicado por sinsangre en 28 Diciembre, 2007

Podría empezar con una inocentada. Ingeniar cualquier artimaña que descolocara a aquellos que por azar o afición se pasen por este pequeño lugar. Pero me parece que este año que culmina no es el apropiado como para bromear sobre él. O quizás sí y todo sea una auténtica payasada que está ultimando el momento en el que mostrar la cámara oculta y dejarme con una expresión de incredulidad inocente.

Durante la semana he oído conversaciones muy divertidas sobre compañeros que se lamentaban sobre el mal año pasado o las penurias que les han tocado vivir en estas últimas fechas. No se si será por relativizarlo o por la complicidad de la que puedo presumir en la actualidad con la mi horna de mi zapato, pero no puedo más que sonreír y mirarla en un gesto que nos delata a todos los que conocen, o intuyen, nuestra historia. Seguro que es cierto, que las desgracias son personales y nadie puede ponderar lo que hace daño a cada cual. Puede que se le haya muerto un familiar cercano, que su casa haya sido destruida en una deflagración o que haya perdido el colgante que le dejó en herencia su añorada abuela. Quizás sea más terrenal y no soporta que su equipo de fútbol no salga adelante o no consigua comprar esos pantalones de marca que vio hace más de una semana en el escaparate de su tienda soñada. No seré yo quien lo juzgue. Como bien he oído decir, aunque la herida en la pierna sea pequeña, es a mi a quien le duele.

Pues me niego. Quiero hacer balance del año que acaba y tengo dos opciones enfrentadas donde elegir. Por un lado, la pérdida y por el otro el encuentro. Cual de ellos es más intenso depende del momento en que se mire. Pasado o futuro. Medio vacío o lleno. No, sería injusto dejar de lado cualquiera de las dos opciones y haciendo gala de una diplomacia acomodaticia me escapo por la tangente y me quedo con el presente.

Y que es lo que significa eso. Pues ilusión.

Este año que termina es, con diferencia el más intenso de los que recuerdo. He alcanzado cotas impensables de felicidad y de tristeza. He pasado de la más absoluta desesperación a rozar con los dedos un pedacito de cielo con detalles, a todas luces, incomprensibles para los observadores externos . ¿Quien puede entender que deje de lado esa estabilidad social si no ha sentido la aceleración que produce un simple estornudo?. Estoy siendo poético, no es necesario que me critiquen por ello. Está claro que hay más aparte de eso, pero cada uno de los miles de detalles son muy personales y casi seguro que no compartidos o entendidos por los que no se han sentido parte de algo en algún momento de su vida. Creo que me da igual. A éstas alturas, me conformo con lo que me hace sentir a mi y creo que el resto es asentir con cortesía y mostrar una sonrisita de agradecimiento por los sabios consejos.

Así que se acaba el año. El año más importante de mi vida. Resumiendo en pocas palabras, una por mes pasado, Rutina, Aceleración, Deseo, Peligro, Dolor, Valentía, Incertidumbre, Resignación, Rebeldía, Esperanza, Pérdida, Ilusión. Más o menos en ese orden. 2008 a las puertas. Nunca había sentido tanto miedo, pero esa sensación sólo amilana a los cobardes.

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Epílogo

Publicado por sinsangre en 27 Diciembre, 2007

Todo comienzo tiene un final. Tanto de las cosas buenas que nos ofrece la vida como de aquellas a las que no vemos solución a corto plazo. Es un equilibrio necesario para el correcto funcionamiento de las cosas. De nada sirve tener pedacitos de felicidad eterna si no se conocen los amargos sabores de las desgracias personales. Cada cual debe racionalizar lo que significa para sí mismo un contratiempo y valorarlo en su justa medida. Sin ir más lejos, entre los problemas que tengo a mi alrededor en estos momentos, hay algunos que me suponían obstáculos insalvables en su momento y por el azar, o por la mera necesidad de supervivencia, me parecen unas auténticas niñerías en comparación con lo que a uno realmente le afecta.

El final de mi relación con mi mujer está ya a la vuelta de la esquina. Muchos años maravillosos, plagados de momentos de extrema felicidad y de cotidianidades escogidas de manera recíproca. Mucha complicidad y desinterés que actuaban como una balsa a lo largo de un calmado río de tranquilidad. Sin embargo, todo se ha esfumado de una manera dolorosa e injustamente fugaz. Quizás demasiada para que uno acabe por entender el por qué. Existen muchas voces que te muestran versiones no contaminadas del motivo por el que hemos llegado hasta éste punto. Unas son maliciosas y buscan pescar en río revuelto. Las que me interesan solo tratan de abrirme los ojos a una realidad que estaba presente durante más tiempo del que soy capaz de creer y de la que me resisto a ilustrarme y asimilar como obvio para evitar la naturaleza de lo que supone unos años de ceguera involuntaria. Es difícil de concretar una cristalina realidad sin que te surjan millones de preguntas. A todas ellas les encuentro respuestas con excesiva facilidad y no me conformo con eso. Escarbo demasiado quizás en elementos que encontraría sencillos si no fuera el protagonista de la situación.

Por mi mente surgen millones de detalles que justifican los problemas. ¿Serán reales o quiero que lo sean?. No lo sé, pero ya es tarde como para detallar cada uno de los puntos del conflicto y adjudicar una puntuación de culpabilidad sobre ellos. Quiero ser justo conmigo y confirmar que no soy el único culpable de lo sucedido. El detonante sí, probablemente, pero la chispa la producen dos piedras al chocar y no puedo cargar con toda esa losa sin que termine por perder la poca cordura de la que hago gala en las cada vez más escasas ocasiones.

Parece que ya hay fecha de desenlace de toda ésta historia. Mitad de enero. Bonita forma de empezar un año. Supongo que es una de esas consecuencias asimilables que tengo que aceptar y que de buen grado lo haré. Pero hay un cierto reflujo férreo en la garganta que no deja de ser amargo de digerir. El peaje hay que pagarlo y tengo medios importantes como para que no quede en bancarrota. Pero cada día que pasa, algo se va marchitando dentro de ti y es imposible no llorar en silencio al ver como termina algo tan hermoso.

Pero no quiero estar triste. No quiero. Tengo motivos más que evidentes para salir adelante y retomar las riendas de mi vida. No hace más de media hora sonreí al notar una mera vibración en el teléfono. No hacía falta mirar quien estaba al otro lado para que toda la pesadumbre se diluyera como un terrón de azúcar en el café (lo importantes que son). Ya hace un tiempo que me enseñaron a sujetar las agarraderas de mi vida con mano firme y parece que los caballos siguen los designios que les indico. Por primera vez, decido lo que quiero para MI y no lo que debo para David. Empiezo a ser egoísta y la sensación que produce no es tan negativa como creía. Al fin y al cabo, al menos ahora puedo dormir tranquilo y no doy tantas vueltas en la cama observando a los fantasmas a mi alrededor que no hace tanto se divertían con mis ojeras.

Y lo que es más importante en mi concepción de la vida. Puedo seguir disfrutando de las cosas que realmente me importan.

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Sacrificios

Publicado por sinsangre en 26 Diciembre, 2007

Existe una cierta sensación de vergüenza que, por momentos, puede resultar molesta. Sobre todo porque cuando tratas de analizar los acontecimientos de éstos últimos meses no encuentras motivos justificables como para confirmar que haya cometido alguna falta deshonrosa o humillante. Al fin y al cabo, todo depende del prisma con el que se mire. Porque, es probable que a los ojos de los demás, yo debiera llevar tatuado en el pecho una marca indicadora de los pecados cometidos para que me señalen con el dedo allí donde paso. Una especie de estigma sangrante que rebele toda mi hiriente conducta. Ellos serán felices así, aprovechando el momento para asumir su estatus de buenos feligreses, con conductas intachables, desviando la atención de sus miserias hacia las de los demás. Cuanto más escarbe en la vida de los otros, menos me avergüenzo de lo que realmente me duele.

Quizás tuve que haber seguido sus leyes y unirme a lo socialmente aceptable. Pude haber disimulado ante los ojos inquisidores y desviar la atención hacia otro incauto despistado que no siguiera la linea de puntos establecida. Me jactaría con los demás del asunto para luego aprovechar mi lograda sonrisa y disimular de lo mucho que siento que el pobre este pasando por ese mal trago. Era un camino sencillo. Pero no lo escogí, y cada minuto de mi vida que pasa me confirma que la elección fue acertada.

Claro está que cuando uno ofrece sus peones o coloca un alfil en la linea enemiga ha de aprender que el oponente puede comerse la pieza y no volverla a utilizar en tus futuros movimientos. Pero los grandes jugadores aceptan esos sacrificios y entienden que cuando uno alcanza el añorado objetivo acepta las dolorosas pérdidas que ello conlleva. Ojalá fuera más fácil.

Mis fichas ya están sobre la mesa. He perdido a la reina, muchos peones, las torres y apenas me basto con aliados para la batalla. Sin embargo, no debería sorprender a nadie oír, con aparente frialdad, el firme susurro que explota de rabia desde mi más oculto interior: JAQUE

Es en ese momento, cuando una sonrisa se intuye en mis labios.

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El despertar

Publicado por sinsangre en 25 Diciembre, 2007

Ya has bebido el último sorbo de la copa y no queda más que el agrio sabor en tus labios del licor que tantas veces sació tu sed. No querías terminar la botella. El sabor aun seguía resultando familiar y te habías acostumbrado, hasta el punto de no percibir la aspereza o acidez de los años acumulados pero todo llega a su fin y puedes afirmar que esa añada ha sido muy buena. Excelente cosecha y quedará en tu alma el recuerdo de lo disfrutado con cada uno de los sorbos de ese manjar. No te olvides de eso y enjuágate las lágrimas que la vida no acaba ahí.

Mira hacia adelante y sécate los ojos. Así es muy difícil escribir. Piensa en todo lo que queda por descorchar. En todo ese sabor maravilloso que ha rozado tus labios y que te embriaga tan sólo de pensar en ello. Está claro que ahora no es el momento de eso, pero no niegues que te gusta su sabor y que estás deseando tomar otra copa. Al fin y al cabo, eres afortunado.

Recuerda.

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